Con el último sorbo de café maltragó la pastilla de la tensión. Se puso el anorak y la bufanda ¡lo que tiene que hacer uno para que le dejen salir de casa! Cogió las bolsas de basura. Miró el reloj, un minuto. Esperó pacientemente en el hall. Cuando el segundero alcanzó el zénit abrió la puerta.
No había amanecido. Era uno de esos días en que la niebla no da tregua a la artrosis. Ayudado por su bastón avanzó “rápidamente” hacia la esquina de la calle. Allí estaban, como cada mañana. Y también como cada mañana miró a su alrededor y tras comprobar que era el único ser vivo del barrio, dio el cambiazo.
Caminó, ya sin prisa, hacia el fantasma de gafas enormes, traje fosforito y aspirador industrial que se afanaba en no dejar ni una hoja bajo los árboles. ¡Míralo! ¡El ladrón de otoños!, ¡ya ha recogido otras dos bolsas! ¡Pero aquí estoy yo para atajar este estropicio!
Pasó de largo sin saludar.
Cuando calculó que ya no estaba al alcance de su vista, abrió las bolsas y las vació.
Nota: Este "micro" ha sido seleccionado en el III Premio Algazara de Microrrelatos convocado por la Editorial Hipálage y junto a otros cuantos, entre los cuales se encuentran los de algunos amigos blogeros, formará parte del libro “Cuentos alígeros”, que se editará en breve.
A todos ellos¡Felicidades! y por mi parte... ¡Que contenta estoy!
Pido perdón a todos aquellos que hoy esperaban de mí algún verso apasionado, algún microrelato entretenido o alguna reflexión íntima, pero es que esta mañana, despues de haberle dado un buen "porrazo" al coche la inspiración se me ha quedado para el arrastre, es decir,como para una buena capa de chapa y pintura.
Por supuesto,¡ por supuestisísímo!, la culpa no ha sido mía... sino de una vecina que había aparcado su vehículo en un lugar indebido,lo cual me ha obligado a maniobrar más de la cuenta y ¡claro!, me he llevado la esquina del parking por delante.
La maruja que llevo dentro, hoy ha dejado de ser "presunta", y con total alevosía y algo menos de premeditación, se ha lanzado a bocajarro a su puerta para "cantarle las cuarenta".
Y así, con los brazos en jarra, me he olvidado por unos minutos de metáforas, diéresis, rimas, hipérbolesy demás figuras literarias y sin retórica alguna de por medio le he plantado un discurso digno de la mejor verdulera del barrio.
¡Oye, que a gusto me he "quedao"!
Al principio les ofrecía alguna revista tipo Penthouse o similares. Después se dio cuenta de que era mucho más rápido y efectivo un sugerente modelito de ropa interior, así podía atender a una media de dos o tres más por turno. Hoy, había elegido un conjunto de tanga minúsculo y sujetador con encajes color salmón, de copa alta, de esos que le hacían unos pechos de infarto. Toda una provocación. Se acercó contoneándose como una modelo de pasarela, le obsequió la más seductora de sus miradas, y justo antes de darle la espalda, soliviantó su ánimo con una maliciosa sonrisa. Después dejó que fuera él quien hiciera el resto.
Cuando calculó que ya iría por la cuarta o quinta embestida,abrió la puerta y dijo: "Por favor, si ha terminado deposite la muestra en la bandeja, la semana que viene le llamaremos con los resultados".
A veces, cantábamos juntos esa canción, la misma que ahora me escupe a la cara el viejo transistor que rescaté de entre las sombrías fauces del desván (se llevó también el equipo de música), y a veces, mientras cantábamos, ella se contoneaba al compás de sus endiablados acordes. Mis pies, mis brazos, mis caderas eran incapaces de seguir su ritmo, sólo mi entrepierna conseguía estar a la altura. Acabábamos en la mesa de la cocina en plan “El cartero siempre llama dos veces”. Igual que a Jessica Lange, le excitaba sobremanera que le tocara por encima de la braga y a mí me volvían loco esas medias tupidas que acaban a medio muslo. “Llévame a la cama” solía decir cuando extinguidas todas sus fuerzas languidecía entre el semen derramado y los restos de las tostadas del desayuno. Y yo, la cogía entre mis brazos y cual recién casada camino a la suite nupcial, la llevaba hasta el lecho, ponía en el equipo de música una de sus arias favoritas y la dejaba dormir… A veces ella también me quería.
Aprovechando que el televisor ha "cascao" (no sé, para mí que se ha olido lo del ultimátum tdt) decido poner la radio para culturizarme mientras analizo el misterioso enigma de por qué el vapor de la plancha, a pesar de estar aliñado siempre por la misma proporción de agua filtrada y osmotizada (vitaminada y supermineralizada, como diría la Hormiga Atómica) y el milagroso antical con aroma a jabón de Marsella , unas veces huele a humedad recalcitrante y otras a perros muertos.
Mientras pregonan a bombo y platillo los emocionantes contenidos que a continuación podremos saborear en el programa de Carlos Herrera, nos van poniendo al día de las últimas revoluciones tecnológicas. Presto atención para no perder detalle. El primer prodigio analizado me deja totalmente K.O. Y es que una manta con mangas, mando a distancia y puerto USB para conectarla al ordenador me parece un invento totalmente imprescindible, ¿Cómo no se me habrá ocurrido antes a mí? Una pena no tener un boli a mano para hacer como ése señor de Zaragoza que ha llamado para encargar diecisite, una por cada miembro de su familia. La verdad es que para ser de Zaragoza tenía un acento un poco extraño, cuando ha dicho eso de “dejde que jutilizo la manta…” me ha recordado al nazi bajito y con gafas redondas que perseguía a Harrison Ford ( ummmm…) a lo largo y ancho del Planeta para robarle el Arca Perdida.
Después de la manta, todos los demás artilugios, incluidos el gimnasio de bolsillo “nanoyim" y el simulador de trasplantes capilares con memoria genética del cabello me parecen auténticas fruslerías.
Empiezan las noticias, el “parte” como diría mi abuela.
El ministro Rubalcava anuncia, así, como quien no quiere la cosa que aprovechando que estamos en época de aguinaldos, los de la Eta tienen previsto obsequiarnos con alguno de sus “regalitos” sorpresa, pero eso no es nada comparado con el caos circulatorio causado por las lluvias torrenciales que en apenas dos días nos han devuelto con intereses la pertinaz sequía (¡qué bien queda este adjetivo!) de los últimos meses y que todavía está por ver si es efecto o no del ahora tan cuestionado cambio climático, o con la quiebra anunciada de otra aerolínea de bajo coste que dibuja un horizonte desolador para los desafortunados viajeros que probablemente se comerán las uvas sentados sobre sus maletas. En el aspecto económico, lo de siempre, autónomos que cierran sus negocios después de toda una vida de sacrificios propios y ajenos y una sarta de incongruencias como “capitalizar el paro” o “Se redujo el superávit”. Nada importante, ya veis.
Os dejo, voy a ver si Pili, mi vecina, se ha “quedao” con el teléfono del “intersoping”…
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P.D. ¡Feliz entrada de Año!
Doblegar los sueños, domesticar instintos,
amansar la fiera que habita las entrañas del silencio
Pero para hacer el balance
¿qué coloco en el HABE?.
...?
...?
...?
No sé, tengo la sensación de que se me ha traspapelado alguna factura.
Una o varias.
Facturas antiguas,
de ésas que ejercicio tras ejercicio
voy arrastrando
y que a falta de una partida concreta donde ubicarlas
siempre catalogo como
"gastos de difícil justificación".
Y un buen día, así, de repente, mientras realizas cualquier trivialidad como reponer el rollo de papel higiénico que hace rato se acabó pero ninguno de los asiduos al WC se atreve a cambiar ( no sea que se haya quedado dentro el perrito del anuncio y les dé un muerdo), te das cuenta de que, ¡por fin!, has reunido el valor necesario para asumir que todo ha acabado.
Decides entonces plegar velas y recoger todas y cada una de las piedrecitas que cual ingenuo Hansel fuiste depositando tras tus pasos, con la esperanza, hoy perdida, de que él decidiera seguirlos.
Construyes con ellas un muro altísimo tras el que te refugias encogiéndote como un caracol asustado.
Y rezas, sí, rezas, ¡en la sala de lo penal de tu inconsciente todavía quedan retenidas algunas de las miles de jaculatorias que a sangre y fuego te fueron cinceladas en tu más tierna infancia! ¡milagro!.
Rezas porque sabes que tus nociones de albañilería son escasas, por no decir nulas (¿cuantas eran de cal y cuentas de arena...?) y has construído, a soga y tizón, un muro que llegado el día , no resistirá ni la más inocente de sus miradas. .
Hay días en que la rutina se te agarra al pecho como una lapa. Días que no se miden por horas ni por minutos, sino por milésimas de segundo.Días entre paréntesis en los que, sin motivo aparente, todo se vuelve insulso. Días en que siempre hay un alma caritativa con vocación redentora que te pregunta:¿Que te ocurre? Y como esos días te da igual ocho que ochenta y pasas hasta de los tópicos machistas,con tal de que te dejen en paz respondes: "Es que estoy con la regla" ( como recurso alternativo, dado el caso de que tu interlocutor maneje datos confidenciales y no se trague la excusa también sirve un resolutivo "Es que estoy ovulando").
No son días existenciales, no. Esos días no te cuestionas ni quién eres, ni porqué estás aquí, ni cual es tu rumbo.No estás para elucubraciones mentales de ese tipo. Simplemente estás y punto. Días que suceden porque tiene que suceder, porque de no ser por ellos, el futuro se despeñaría al vacío. .
Justo cuando el árbitro iba pitar el final de la prórroga conseguí atraparla. La enganché por el último suspiro. Al principio se resistió un poco, no esperaba menos de ella. Tildada por algunos de vibrante y temeraria, trató de escamotearse saliéndose por la tangente, pero poco a poco, a base de melindres y enredos varios fue plegándose a mi voluntad. Como no tenía a mano nada más etéreo, decidí inmovilizarla con el chicle que desde hacía un buen rato me sabía más a inercia que a menta, Adherida de esta guisa decreté, antes de encerrarla en la cajita de juanolas que le serviría de improvisado calabozo , examinarla concienzudamente a fin de determinar si los daños eran irreparables.
Pliegue por pliegue fui inspeccionando cada milímetro de su epidermis. Mi satisfacción fue enorme al comprobar que allí estaban, casi intactos, la ternura y el deseo, la confianza y el arrepentimiento. Un poco peor parados habían salido el orgullo y la inocencia, pero nada que no pudiera solucionarse con un buen baño de autoestima. Entonces le dije: "Es hora de que tú y yo hagamos las paces". Así que abrí la cajita de juanolas, saqué de ella todos los recelos y con mucho cuidado metí en ella mi alma. La dejé sentarse a mi lado mientras deambulábamos a gran velocidad por la autovía. Y sellamos con chicle de menta nuestra unión eterna.
Creo que hacemos buena pareja.
P.D.- Gracias a todos los "comentaristas" de mi anterior entrada. Os debo una.
Voy saliendo de ti, o quizá sea más exacto decir "vas saliendo de mí". Que mas da, el caso es el mismo, ya estamos fuera. Fuera. Al otro lado del espejismo, donde sólo existen sed y arena. Voy saliendo de ti. Vas saliendo de mí. Y empieza a notarse la levedad, la temible e insoportable levedad. Ellos también lo han notado. "Te ves más delgada", me dicen. Mi báscula lo corrobora. Hoy peso,exactamente, 21 gramos menos.
Según Gabriel García Marquéz todos tenemos tres vidas: la pública, la privada y la secreta. Yo abrí este blog porque necesitaba recuperar mi tercera vida. Pero, ¡que aburrido es tener una vida secreta si no puedes contársela a nadie! Por eso, héme aquí, pregonando mis secretos al viento. Ahora lo llaman trastorno bipolar, pero yo creo que, es simple y llanamente, esquizofrenia.
P.D.-Tal vez mañana os confiese otro de mis secretos "inconfesables". Ahora no puedo... ¡Está a punto de llegar...sssssssshhhh ! .